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23/11/08

Cómo enseñar a comer bien a mi hijo?


Educar a los niños a que coman de todo y a que valoren la importancia de seguir unas pautas saludables de alimentación y no atiendan sólo a las urgencias del apetito y a sus preferencias gustativas requiere de padres y madres un esfuerzo que en algunos casos puede ser descomunal. Para empezar, deben informarse de los principios de la alimentación equilibrada y saludable. Y, después, convertirse en proselitistas de estos principios. Para ello, nada mejor que predicar con el ejemplo. Los comedores escolares pueden ayudar, pero hoy por hoy mejor jugarnos la partida en casa. Es en el hogar donde los niños adquieren y aprenden los hábitos alimenticios. Estas son algunas pistas para enseñar a nuestros hijos a comer bien:

  • De 3 a 6 años
    • Que prueben y coman de todo, irles presentando la mayor variedad de alimentos posible.
    • Fomentar el desayuno y que sea completo, variado y equilibrado.
    • Este periodo es muy importante para su desarrollo, necesitan un gran aporte de energía
    • Asegurar el consumo de proteína (carne, pescado, huevos, lácteos) porque sus necesidades son mayores (proporcionalmente) que las de un adulto.
    • Evitar el abuso de dulces, bollería y refrescos.
    • Dedicar el tiempo necesario para que coman despacio y aprendan a disfrutar la comida
    • Los alimentos, ninguno, no usarlos como premio ni castigo.
  • De 7 a 12 años
    • A estas edades, los niños mantienen un crecimiento acelerado y, por ello, hay que cuidar el aporte energético de la dieta, controlando el peso de los niños y su ritmo de desarrollo.
    • Comienzan, en esta etapa, a consolidarse sus preferencias alimentarias y tendremos que procurar que sean las adecuadas. Tienen tendencia, los niños, a presionar para comer sólo lo que más les gusta y van adquiriendo cierta autonomía, que les permite comprar determinados alimentos y bebidas.
    • Insistir en que moderen el consumo de dulces, bollería. Y también en que no abusen de los alimentos muy grasos o muy salados.
  • De 13 a 16 años
    • En esta etapa se forma el cuerpo de los adolescentes y se produce el 'estirón puberal', un crecimiento muy rápido. Por este motivo, los jóvenes necesitan proveerse de gran cantidad de energía y deben aportar a su organismo proteínas en cantidad y calidad suficiente.
    • En este periodo surgen los problemas de malnutrición: por exceso, con riesgo de sobrepeso y obesidad; por defecto, con riesgo de anorexia. Los padres debe controlar cómo comen sus hijos y, en su caso, las dietas que siguen.
    • Estimularles para que lleven una vida activa y saludable, y que dediquen parte de su ocio a la práctica de algún deporte.

Pautas para convertir la comida en una cita agradable y eficiente para niños y padres

Desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena son momentos del día que los niños deben dedicar a alimentarse, y que han de entender como una cita imprescindible para asegurar el desarrollo de su organismo, y no solo para saciar el hambre o disfrutar del placer de comer. Padres y madres han de implicarse, y esforzarse cada día para que los pequeños aprendan a comer. Y lograr que vayan conociendo, asumiendo y aplicando las pautas de la alimentación equilibrada y saludable. Unos hábitos incorrectos pueden repercutir en un menor rendimiento escolar. Es conveniente crear un buen ambiente en la mesa. Estas medidas ayudan a lograrlo:

  1. Crear una atmósfera agradable, un espacio de tiempo tranquilo para compartir alimentos y charlar. Es positivo estimular al niño a que participe en la conversación familiar.
  2. Fomentar que los niños muestren una conducta apropiada durante la comida. Los padres han de enseñarles a comportarse de manera educada y a seguir unos hábitos de higiene.
  3. Ayudarles a que desarrollen buenos hábitos dietéticos en la mesa: los padres prestarán atención a que los niños coman de todo lo que se ha puesto en los platos, potenciarán la variedad en el color, sabor y textura de los alimentos, ofrecerán no solo alimentos y platos de éxito seguro sino también propuestas nuevas, sobre todo, los más convenientes, como fruta, pescado legumbres y verduras. También pueden proponer charlas sobre la comida en diversas zonas del mundo: comer es cultura.
  4. Fijar horas para las diversas comidas del día. Conocer los horarios a los que han de ajustarse para comer forma parte del aprendizaje.
  5. No comer de más, válido tanto para niños como para mayores. Ojo con las cantidades de comida. La obesidad infantil es ya un problema de salud pública. Los alimentos grasos y azucarados, consumirlos con moderación.

17/9/08

Inapetencia infantil

A pesar de que la inapetencia en los más pequeños es uno de los motivos que más preocupan a los progenitores, en la mayoría de casos no es sinónimo de enfermedad

Entre el 10% y el 25 % de padres de niños en edad preescolar, de dos a cinco años, acuden a la consulta de pediatría con la queja de que su hijo no come nada. Además, cuando lo hace es con desgana y protestas, y parece que no crece lo suficiente. Una historia clínica y dietética detallada, y una exploración física completa permiten descartar enfermedades agudas o crónicas. En ese caso, la familia debe ser informada respecto al normal crecimiento y desarrollo del niño a esta edad.

Con frecuencia, la razón por la cual los padres fuerzan a comer a sus hijos es que desconocen la disminución fisiológica del apetito que se da entre los dos y los cinco años. Durante estas edades, la mayor parte de los niños ganan entre 1 y 2 kilos por año. Este ritmo de crecimiento es sólo entre un 20% y un 30% de la que tienen durante su primer año de vida. Como consecuencia, y de manera espontánea, a esta edad tienen menores requerimientos nutricionales y menor apetito.

A estas edades, los niños están más interesados por el mundo que los rodea que por los alimentos. Al forzarles a comer un determinado alimento se puede conseguir que lo rehúse, quedar condicionado a rechazar la comida y, a partir de ese momento, que el acto de comer se convierta en algo incómodo y poco placentero. El rechazo a la alimentación también puede ser el resultado de una técnica de alimentación inapropiada: castigos, súplicas y sobornos.

Incluso una presión excesiva puede llevar al rechazo del alimento. Para los niños, la familia es el modelo ideal para el desarrollo de las preferencias y de los hábitos alimentarios. Si un miembro de la familia rechaza comer un determinado alimento, el niño imita su comportamiento. Ante todo, hay que tener presente que el acto de comer debe ser siempre agradable: el olor, la presentación, el sabor y la variedad de los alimentos, así como la compañía y la atmósfera emocional, que también son factores determinantes.

No obstante, atendiendo a las conclusiones de un estudio británico, la neofobia, es decir, la aversión o el miedo a probar nuevos alimentos, es una característica que se hereda en muchos casos. De manera que, aquellos adultos que en edad infantil desesperaron a sus padres a la hora de comer, tienen muchas probabilidades de tener hijos muy poco dispuestos a probar nuevos alimentos. La aversión a los nuevos alimentos, que probablemente en el pasado cumplía una función protectora para no correr el riesgo de envenenamiento, se ha convertido hoy en día en perniciosa y perjudicial porque empobrece la dieta de los más pequeños.

Falsa inapetencia

Es necesario diferenciar la inapetencia reciente de la habitual. La reciente es la que aparece cuando el niño sufre una enfermedad aguda, y lo más probable es que ésta desaparezca cuando se resuelve el cuadro. En estos casos no hay que obligar a comer al pequeño, sino ofrecerle abundante cantidad de líquidos y fraccionar las comidas en varias tomas, en cantidades pequeñas. La inapetencia habitual es la que se prolonga en el tiempo y puede ser falsa o verdadera.

La falsa inapetencia debemos sospecharla cuando el niño come muchas golosinas, toma zumos todo el día, abundante cantidad de leche, come a deshora, come dulces antes de las comidas y no acepta determinados tipos de alimentos como las verduras. El primer paso para el inicio de esta conducta negativa consiste en sustituir un alimento rechazado por otro de mayor agrado. Si el niño rechaza el primer plato por el segundo, se ha de condicionar la toma del segundo a una mínima cantidad del primero. A la hora de dar a probar nuevos alimentos y sabores, se ha de hacer de forma distendida, no con imposiciones fuertes, y sin perder los nervios.

Conviene negociar con el niño sobre la comida que rechaza. Se discutirá la cantidad mínima de cada plato que se debe comer y que sea el niño quien se sirva. De esta manera, se está favoreciendo su autonomía, independencia y responsabilidad en la elección. La verdadera inapetencia es aquélla que frecuentemente se presenta en un niño con un peso por debajo del normal para su edad, sin energías o desganado. Esta situación es generalmente sinónimo de enfermedad, y el médico es el encargado de realizar el diagnóstico y comenzar el tratamiento lo antes posible para que el niño pueda reiniciar una alimentación adecuada y recuperar su peso.

La mejor manera de estimular y animar al niño a comer es dándole ejemplo. Los niños imitan a los adultos que ven diariamente. Otra manera de dar buen ejemplo es reducir la oferta de golosinas a días concretos, y no permitir que el niño coma a deshoras, controlando qué es lo que come el niño fuera de casa. Una vez en casa, es importante mantener las cuatro o cinco comidas diarias: desayuno, comida, cena y almuerzo y merienda.

Conejos para que el niño coma

El hecho de tener en cuenta sus preferencias en cuanto a forma de preparación y variedad de los alimentos es de gran ayuda. Se puede aprovechar para ofrecer nuevos alimentos, en cantidades pequeñas y combinados con sus platos preferidos. La manera de estar durante la comida es muy importante, es parte de la educación alimentaria. El ambiente de las comidas se debe cuidar, evitando compaginar la comida con otras actividades y juegos. En ocasiones, los niños pueden estar cansados o sobre estimulados y, por lo tanto, no tener sensación de hambre ni deseos de comer.

Bibliografía: Consumer